Acerca de

Este blog es un ensayo, un simple intento, que sin certeza de duración y menos aún de eficacia se propone casi todo porque como todo blog que se precie es una pedantería, una exposición narcisista con la convicción de que si nuestra voz no se impone como audible, algo, siempre esencial, quedará lamentablemente entre sobras.

Esa voz es tal vez (eso nos gustaría), “la voz de la herramienta” o al menos una de ellas. Esa “herramienta” que construyo Roma y supo desafiarla, la misma que venció a imperios y soñó otros mundos, la que aunque tenue y sufrida, trata aún de hacerse escuchar porque sin ella solo reinara el silencio, terrorífico silencio impuesto por los herederos de Roma que se sigue creyendo eterna. “Nosotros estimamos mucho la ciencia, la cultura, al arte y junto con sus instituciones -escuelas, universidades, teatros, etc.- queremos hacerlos accesibles al pueblo. Pero si nuestros enemigos de clase quisieran mostrarnos de nuevo que todo eso sólo existe para ellos, y no para el pueblo, nosotros diríamos “¡Muerte a la ciencia y al arte, muerte al teatro!” Nosotros, camaradas, amamos el sol que nos alumbra, pero si los ricos y opresores quisieran monopolizar el sol, nosotros diríamos: “que se extinga el sol y reine la oscuridad, las tinieblas eternas….”

No somos originales. No pretendemos serlo. Nuestra voz tiene pasado, tiene tradición, tiene nombres propios que dieron carne a esas gargantas: Prometeo, Espartaco y Graco se redimen en Marx, Engels, Rosa, Lenin, Trotsky…

Hacernos oír hoy se nos aparece necesario. En principio porque “Si yo fuera uno de los cuerpos celestes vería con absoluto desapego esta mísera bola de polvo y tierra… Brillaría lo mismo sobre el bien que sobre el mal… Pero soy un hombre, La historia del mundo, que a ti, desapasionado engullidor de ciencia, a ti, tenedor de libros de la eternidad, te parece tan solo un momento insignificante en la balanza del tiempo, ¡lo es todo para mí! Mientras yo respire, lucharé por el futuro, ese futuro radiante en que el hombre, fuerte y hermoso, se convertirá en amo de la corriente viva de la historia y la dirigirá hacia el ilimitado horizonte de la belleza, la alegría y la felicidad…”.

Pero nuestro tiempo es a su vez preciso, crítico. Justo cuando los Cayo Craso modernos creyeron que jamás oirían nuevamente “la voz de la herramienta” y se regocijaban en ante su incuestionable poderío, su propia podredumbre comenzó a destruir su anciano cuerpo. Mientras tanto, en forma tortuosa se retejen los tenues sonidos de aquellas voces, como si Vidiria, convertida en sirena libertaria, susurrase a nuestro oído los ecos de la historia. Nuestra tarea es amplificar ese susurro, convertirlo en voz y en grito bajo la forma de la crítica corrosiva y la lucha implacable que precisa de los cuerpos de los nuevos esclavos.

Finalmente, siempre atados a nuestra carne, sabemos que hay un aquí además de un ahora. Nos toca momentáneamente estar en un continente llamado a la hermandad indígena, campesina y proletaria. Somos hijos de las grandes gestas revolucionarias desde Haití y México, hasta la victoriosa Cuba y nuestras tierras derrotadas. Somos hijos de esa sangre y no descansaremos hasta liberar a nuestros pueblos hermanados de todo yugo, y de ese modo, juntos, nos abrazaremos a nuestros hermanos del mundo que por primera vez también serán libres.

Somos militantes, parte de un colectivo consciente que no tiene patria ni frontera. Asumimos todos los desafíos, los de todos los tiempos y los de todos los lugares. A veces seremos viajeros. A veces heterodoxos. Muchas otras solo miraremos a nuestro alrededor, pero con los ojos ricos, plenos de otros compañeros y compañeras que transitan otros lugares y de otras formas. No nos queremos limitar a nada, pero no queremos esquivar lo que nos es propio.

En esta, nuestra tierra momentánea, solo momentánea, deseosamente momentánea, tenemos herencias que cobrar que no son materiales, sino de las que importan, las que nos importan. Hijos del Rosariazo y el Villazo, somos a su vez una recreación heróica de dichas gestas. Somos viejos, nuevos, eternos. Somos también la amplificación, la radicalización de aquellas voces apagadas. Y también tenemos nuestros enemigos, aquí y ahora.

En esta tierra queremos enarbolar las banderas del socialismo, que como tantas otras han sido bastardeadas e incluso robadas por la burguesía, en este caso “con olor a bosta”. Nosotros, trotskistas, herederos de Prometeo y Espartaco sabemos cómo dar pelea. Somos pedantes, somos orgullosos, lo podemos todo, porque la fuerza de la historia, nuestra historia está de nuestro lado. Solo somos modestos a la hora de pensar que nuestros aportes serán solo lo mejor que tengamos de nosotros. Nada más. Nada menos.

Llega el fin de un anuncio obligado “Acerca de…” y ni siquiera hemos tratado de explicar el título elegido.

Es simple, fue lo que apareció, esa mojada de oreja galileliana a una de las lacras más grandes que pesó y pesa sobre la humanidad. Sin tan solo eso podemos hacer, mojar la oreja a las lacras de hoy, estaremos preparando el triunfo, aunque a veces lo hagamos así, como puñalada de manco.

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